El 27 de octubre, los primeros ministros de Noruega, Jonas Gahr Støre, y Finlandia, Sanna Marin, sostuvieron una conversación telefónica directa con el presidente ruso Vladimir Putin, marcando la primera vez que líderes escandinavos hablan directamente con Moscú desde el inicio de la guerra en Ucrania.
Durante la llamada, los tres mandatarios abordaron temas críticos como la seguridad en el Ártico, la continuidad de las sanciones occidentales contra Rusia y la situación humanitaria en la zona de conflicto ucraniano. Según fuentes diplomáticas, Putin expresó su disposición a discutir la posible flexibilización de algunas sanciones a cambio de garantías de seguridad en la región del Báltico.
Los gobiernos noruego y finlandés subrayaron la necesidad de mantener una postura unida con la OTAN, pero también resaltaron la importancia de canales de comunicación abiertos para evitar escaladas accidentales. La conversación se produce en un momento en que la UE evalúa nuevas rondas de sanciones y la OTAN refuerza su presencia en los países bálticos.
Expertos en relaciones internacionales señalan que, aunque la llamada no implica un cambio inmediato en la política rusa, sí representa una señal de que Moscú está dispuesto a explorar vías diplomáticas bajo presión. El desarrollo será monitoreado de cerca por Washington y Bruselas, que podrían interpretar la conversación como una oportunidad para reactivar diálogos de paz o, por el contrario, como una táctica rusa para dividir a sus adversarios.


