El presidente Luiz Inácio Lula da Silva tomó la palabra en la Asamblea General de la ONU el 22 de septiembre de 2026, donde dirigió un mensaje directo a Donald Trump, quien asistía al mismo foro. En su intervención, Lula afirmó que "Brasil no cabe en el patio trasero de nadie", subrayando la necesidad de respetar la soberanía nacional y el derecho de los países a decidir su propio destino.
Esta declaración se produce a menos de dos semanas de las elecciones presidenciales brasileñas, en un contexto donde la campaña se ha polarizado entre propuestas de apertura económica y críticas a la influencia extranjera. La postura de Lula busca consolidar su base electoral, presentándose como defensor del multilateralismo y de la independencia frente a presiones externas, particularmente de la administración estadounidense.
La respuesta de la Casa Blanca, a través de la oficina del presidente, calificó el discurso como "una provocación innecesaria" y reiteró su compromiso con los intereses estratégicos de EE. UU. en la región. Sin embargo, varios analistas internacionales señalan que la retórica de Lula podría reforzar alianzas con otros países latinoamericanos que comparten una visión crítica de la política exterior estadounidense.
En el plano diplomático, el intercambio en la ONU podría traducirse en una revisión de los acuerdos bilaterales en áreas como comercio, energía y cooperación militar. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención cómo esta confrontación influirá en la agenda de la cumbre de la CELAC y en la relación de Brasil con organismos multilaterales como la OEA y la ONU.

