El miércoles, una multitud de estudiantes y activistas se congregó en el centro de Río de Janeiro para manifestarse contra Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, tras su sorpresiva victoria en la primera ronda de las elecciones municipales. Los manifestantes portaron pancartas que denunciaban un posible retorno del ultraderechismo y exigían garantías democráticas.
Durante la marcha, los organizadores recitaron consignas que recordaban los abusos de la administración anterior y advirtieron sobre la intención de Flávio de "re‑democratizar" el país, frase que interpretaron como una amenaza a los avances institucionales. La policía mantuvo una presencia visible, pero sin incidentes mayores.
El evento se produce en un contexto de creciente tensión entre los sectores progresistas y conservadores de Brasil, donde la figura de la familia Bolsonaro sigue generando divisiones profundas. Analistas políticos señalan que la movilización estudiantil podría presionar a los legisladores para que revisen propuestas de reforma electoral y de seguridad pública que el nuevo alcalde pretende impulsar.
A nivel internacional, observadores de derechos humanos siguen de cerca la evolución política brasileña, temiendo que la retórica autoritaria pueda afectar la imagen del país y su relación con socios comerciales y multilaterales.

