Tras los resultados parciales de las elecciones legislativas de Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha visto disminuir su margen de apoyo, obligándolo a buscar alianzas con partidos de derecha y centroderecha para conservar la mayoría en la Knesset.
El líder del Likud, que obtuvo 30 escaños, necesita al menos 61 para formar gobierno, por lo que ha iniciado conversaciones con partidos religiosos y nacionalistas, ofreciendo concesiones en temas de asentamientos y legislación judicial.
Los analistas internacionales advierten que una coalición inestable podría debilitar la posición de Israel en la arena diplomática, especialmente en negociaciones sobre el conflicto palestino y en la coordinación de seguridad con Estados Unidos.
Mientras tanto, la oposición liderada por Yair Lapid y Naftali Bennett ha prometido una alternativa basada en la reforma judicial y la contención de la expansión de asentamientos, lo que añade presión sobre Netanyahu para encontrar un acuerdo viable antes de que se agote el plazo constitucional de 28 días para formar gobierno.



