El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, anunció este viernes que el Likud lidera las encuestas nacionales, anticipando la publicación de los resultados oficiales en uno o dos días. En su discurso, el mandatario resaltó los logros de su gobierno en materia de seguridad, economía y diplomacia, y esbozó un plan de gobierno que incluye la ampliación de los asentamientos en Cisjordania y una postura firme contra el programa nuclear iraní.
Al mismo tiempo, en los Estados Unidos se intensifica la campaña electoral que culminará en noviembre, con los candidatos presidenciales compitiendo por el voto de los judíos estadounidenses y los grupos de presión pro‑israelíes. Analistas señalan que el resultado de la contienda estadounidense influirá directamente en la política de Washington hacia el conflicto en Oriente Medio, la ayuda militar a Israel y la posible reactivación del acuerdo nuclear con Irán.
La coincidencia de ambas elecciones genera un escenario de alta volatilidad geopolítica. Un gobierno estadounidense más inclinado a la diplomacia multilateral podría moderar la postura israelí, mientras que una administración que refuerce la alianza con Israel podría intensificar la presión sobre Irán y los territorios palestinos.
En este contexto, la comunidad internacional observa con atención los desarrollos electorales, pues cualquier cambio significativo en la dirección política de Israel o de EE.UU. tendría repercusiones en la estabilidad regional, en los procesos de paz y en la configuración de alianzas estratégicas en el Mediterráneo y más allá.



