Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, tomó la tribuna de la Asamblea General de la ONU el 24 de septiembre de 2026, en un momento en que su gobierno enfrenta crecientes críticas por la política en Gaza y por los procesos judiciales contra varios de sus ministros. En su intervención, el mandatario defendió la postura de su gobierno, acusó a la comunidad internacional de sesgo y subrayó la necesidad de seguridad para el Estado judío.
El discurso coincidió con la campaña electoral que se avecina para el 1 de octubre, fecha en la que los ciudadanos israelíes decidirán si renovarán el mandato de Netanyahu o optarán por una alternativa de la oposición. La exposición ante la ONU fue vista como una prueba de fuego para medir la reacción tanto de aliados tradicionales como de críticos internacionales.
A nivel diplomático, la intervención generó respuestas mixtas: mientras Estados Unidos mantuvo un tono de apoyo cauteloso, varios países europeos y organizaciones de derechos humanos denunciaron la falta de avances en el proceso de paz con los palestinos. La presión interna se agudiza también por los procesos judiciales que amenazan con desestabilizar la coalición de derecha que sostiene al gobierno.
En el contexto de la seguridad regional, el discurso de Netanyahu refuerza la narrativa de que cualquier debilitamiento interno de Israel podría ser explotado por actores como Irán o grupos militantes en Gaza, lo que añade una capa de complejidad a la ya tensa situación geopolítica del Oriente Medio.

