Pakistán ha emergido como el actor clave en las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán, aprovechando sus históricas relaciones con Teherán y el respeto que genera su comandante de las fuerzas armadas en la región. El país sudoccidental asiático se ha convertido en el escenario principal para el diálogo destinado a consolidar el alto el fuego de dos semanas alcanzado tras la guerra.
El presidente Trump había aceptado inicialmente como "viables" los 10 puntos del plan iraní como base para el diálogo, pero posteriormente ha revertido su posición en múltiples ocasiones, creando incertidumbre sobre el proceso. Esta inestabilidad en las posiciones estadounidenses ha complicado las negociaciones, pero Pakistán ha mantenido canales de comunicación abiertos con ambas partes.
El papel de Pakistán es particularmente significativo dado su compleja relación con Estados Unidos y su vecindad estratégica con Irán. El país ha logrado mantener una posición neutral que le permite actuar como intermediario confiable, evitando que las tensiones escalen nuevamente.
Expertos en relaciones internacionales señalan que sin la mediación pakistaní, el alto el fuego podría haber colapsado ante las amenazas de Trump de "acabar con una civilización". La estabilidad regional depende en gran medida de la capacidad de Islamabad para mantener el diálogo y evitar malentendidos entre Washington y Teherán.


