El 25 de septiembre de 2026, los altos mandos de los ejércitos de Pakistán y Turquía arribaron a la capital saudí, Riad, para participar en una serie de reuniones de alto nivel. El objetivo declarado es evaluar la viabilidad de una mayor cooperación militar en la guerra que Arabia Saudí lleva desarrollando contra los hutíes, respaldados por Irán, en el sur de Yemen.
Aunque los gobiernos de Islamabad y Ankara han expresado su apoyo político a la iniciativa saudí, ambos mantienen una postura prudente respecto a la participación directa de sus fuerzas armadas. Pakistán, que mantiene una relación estratégica con Arabia Saudita y una creciente cooperación con Irán, busca equilibrar sus intereses sin comprometer su seguridad interna. Turquía, por su parte, ha incrementado su presencia en la región a través de la venta de drones y asistencia logística, pero aún evalúa los riesgos de una intervención directa.
Los analistas internacionales advierten que la incorporación de Pakistán y Turquía a la coalición saudí podría intensificar la confrontación con Irán, que ya ha amenazado con responder a cualquier escalada militar en Yemen. Además, la participación de estos países podría alterar la dinámica de la guerra en Yemen, donde la población civil ya sufre una grave crisis humanitaria.
En el contexto de la creciente rivalidad entre Arabia Saudí y Irán, la posible expansión de la coalición contra los hutíes representa un punto de inflexión que podría repercutir en otras áreas de conflicto regional, como Siria y el Golfo Pérsico.