Durante la madrugada del 12 de octubre, fuerzas de seguridad israelíes llevaron a cabo una serie de redadas en el campo de refugiados de Tulkarem, en la zona de Cisjordania ocupada. Los operativos, que según informes locales duraron varias horas, resultaron en la demolición de viviendas y la incautación de bienes, dejando a decenas de familias sin refugio.
Los residentes del campamento, que fueron desplazados durante la guerra de 1967, expresaron su profundo dolor y su deseo de regresar a sus hogares originales, muchos de los cuales fueron destruidos en la Guerra de los Seis Días. Organizaciones de derechos humanos denunciaron violaciones al derecho internacional humanitario, señalando que los ataques se realizaron sin una orden judicial y sin medidas de protección para la población civil.
La comunidad internacional ha reiterado la necesidad de una solución de dos Estados basada en las fronteras de 1967, pero la escalada de violencia en los últimos meses ha dificultado los esfuerzos diplomáticos. La Autoridad Palestina ha pedido una investigación independiente y ha convocado a protestas pacíficas en varias ciudades para exigir el fin de las redadas.
Mientras tanto, la población desplazada depende de la ayuda humanitaria de la ONU y de ONG locales, que luchan por proporcionar alimentos, agua y refugio temporal. La falta de una solución política duradera mantiene la vulnerabilidad de los campamentos y perpetúa el ciclo de desplazamiento.

