El 24 de septiembre de 2026, el presidente de España, Pedro Sánchez, tomó la tribuna de la Asamblea General de la ONU en Nueva York para lanzar una advertencia sobre la expansión de la extrema derecha. En su intervención, describió a estos movimientos como “egoístas, ignorantes y crueles”, señalando que su auge socava los principios de la democracia liberal y los derechos humanos.
Sánchez recordó que en los últimos años varios países europeos han visto cómo partidos de corte nacionalista y xenófobo han obtenido mayor representación parlamentaria, y que en América Latina se han registrado intentos de erosionar instituciones democráticas mediante discursos autoritarios. El mandatario español pidió a los Estados miembros que refuercen la cooperación internacional para contrarrestar la desinformación y proteger a las minorías.
El discurso coincidió con la presentación de una iniciativa conjunta de la Unión Europea y la Organización de los Estados Americanos para financiar programas de educación cívica y medios independientes en regiones vulnerables a la propaganda extremista. Sánchez también anunció la creación de una mesa de trabajo permanente dentro de la ONU para monitorear la actividad de grupos ultraderechistas.
Analistas consideran que la intervención de Sánchez busca posicionar a España como defensora de los valores democráticos en el escenario global, al tiempo que responde a la presión interna de partidos de izquierda que exigen una postura más firme contra la derecha radical.

