En la jornada electoral del 3 de noviembre de 2026, el bloque liderado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, encabezado por el partido Likud, obtuvo la mayor cantidad de escaños en la Knesset, sumando ocho escaños más que su principal rival. Sin embargo, la cifra total de escaños del bloque quedó por debajo de los 61 necesarios para formar una mayoría legislativa, lo que desencadena lo que los analistas denominan el “problema de los ocho escaños”.
Este escenario obliga a Netanyahu a buscar acuerdos de coalición con partidos religiosos y de derecha, cuyas demandas incluyen políticas de asentamiento y reformas judiciales. La necesidad de pactos compromete la agenda del gobierno y puede generar tensiones internas, especialmente con sectores centristas y de izquierda que se oponen a la expansión de los asentamientos en Cisjordania.
La incertidumbre política en Israel tiene repercusiones en la estabilidad de la región, pues cualquier retraso o fracaso en la formación de gobierno puede afectar los procesos de paz con los palestinos y la postura de Israel frente a Irán. Además, la comunidad internacional observa de cerca la evolución de la coalición, dado el papel estratégico de Israel en la seguridad del Oriente Medio.
Mientras tanto, los partidos de oposición, liderados por la coalición de centro-izquierda, se preparan para ejercer presión parlamentaria y potenciales mociones de censura, lo que podría derivar en elecciones anticipadas si no se logra un acuerdo de gobierno estable.
