En el marco de la campaña electoral que se avecina en Israel, el rabino Dov Lando, líder de una corriente ultraortodoxa, emitió una serie de declaraciones calificando al Estado de Israel de “no sionista” y cuestionando la legitimidad de sus instituciones. Estas palabras resonaron en los medios y generaron una ola de críticas por parte de partidos sionistas y del propio primer ministro Benjamin Netanyahu.
Los sectores ultraortodoxos, tradicionalmente aliados con el gobierno por su apoyo a la exención del servicio militar, se encuentran ahora divididos. Mientras algunos respaldan la postura del rabino como defensa de la identidad religiosa, otros temen que la polémica pueda perjudicar la coalición que sostiene a Netanyahu.
El debate se intensificó en la Knesset, donde varios legisladores exigieron una respuesta oficial del gobierno y una revisión de las políticas de conscripción. La controversia también ha sido aprovechada por la oposición para cuestionar la capacidad de Netanyahu de mantener la unidad dentro de su base.
Analistas internacionales señalan que este episodio refleja una fractura latente entre la esfera religiosa y la política israelí, que podría influir en la configuración del próximo gobierno y en la postura del país frente al conflicto con Hamas.
