El martes 25 de octubre de 2026 se cerró la votación en Brasil tras la segunda vuelta entre el presidente en ejercicio Luiz Inácio Lula da Silva y el candidato de la derecha Flávio Bolsonaro. La Corte Suprema del país ordenó una extensión de dos horas al proceso de votación, argumentando irregularidades en la transmisión de datos en varios municipios. Con la ampliación, los funcionarios electorales reanudaron el recuento de boletas, lo que generó una nueva oleada de protestas y reclamos de parcialidad por parte de ambos bandos.
Lula, líder del Partido de los Trabajadores (PT), acusó a autoridades locales de intentar retrasar la transmisión de resultados en regiones donde su apoyo es más débil, mientras que el equipo de Bolsonaro denunció intentos de manipulación a favor del incumbente. La observación internacional, encabezada por la Organización de los Estados Americanos (OEA), ha pedido transparencia total y ha enviado una misión de monitoreo para garantizar la integridad del proceso.
El escenario político brasileño se ha polarizado desde la primera ronda, en la que Lula obtuvo el 48,3 % del voto y Bolsonaro el 45,7 %. La segunda vuelta se presenta como un referéndum sobre la dirección del país, entre la agenda progresista de Lula y la propuesta de seguridad y liberalismo económico de Bolsonaro. La extensión de la jornada electoral ha sido vista como una medida preventiva para evitar interrupciones técnicas, pero también ha avivado temores de una posible manipulación de los resultados.
Los resultados finales se esperan para la madrugada del 26 de octubre, cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) publicará los números definitivos. La comunidad internacional observará de cerca la transición, pues Brasil sigue siendo la mayor economía de América Latina y un actor clave en negociaciones climáticas y comerciales.



