En una rueda de prensa celebrada en Mogadiscio el 4 de octubre de 2026, el presidente somalí Hassan Sheikh Mohamud declaró que Etiopía puede acceder al puerto de Berbera, pero únicamente bajo los términos de una negociación formal que establezca los derechos y obligaciones de ambas partes. El mandatario subrayó que, aunque la apertura del puerto es crucial para el comercio etíope, Somalia no aceptará acuerdos que comprometan su soberanía ni que favorezcan unilateralmente a Addis Abeba.
La solicitud somalí se produce en un contexto de tensiones históricas entre ambos países. Etiopía, país sin salida al mar, depende del puerto de Berbera para la exportación de mercancías y la importación de bienes esenciales. En años recientes, Addis Abeba ha buscado diversificar sus rutas marítimas, negociando concesiones en puertos de Djibouti y, ahora, en Somalia. Sin embargo, la falta de un marco legal claro ha generado incertidumbre entre los inversionistas y ha alimentado temores de una posible pérdida de control somalí sobre su infraestructura portuaria.
Expertos en seguridad regional advierten que la disputa podría repercutir en la estabilidad del Cuerno de África, una zona ya marcada por conflictos armados, piratería y rivalidades geopolíticas entre potencias externas. Un acuerdo equilibrado podría fortalecer la integración económica regional y reducir la presión sobre rutas marítimas alternativas, mientras que una escalada del conflicto podría incentivar la intervención de actores externos como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos o China, que ya mantienen intereses estratégicos en la zona.
El gobierno somalí ha propuesto la creación de una comisión binacional que supervise la operación del puerto, garantice la transparencia en la gestión de tarifas y establezca mecanismos de resolución de disputas. La respuesta de Etiopía aún no ha sido oficial, pero se espera que el proceso de negociación se extienda durante los próximos meses, con la comunidad internacional observando de cerca los avances.

