Tras la reactivación de los combates entre el gobierno etíope y las fuerzas del Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) en la zona norte del país, expertos advierten sobre la posibilidad de una escalada que arrastre a los estados vecinos del Cuerno de África. El conflicto, que había disminuido tras el acuerdo de paz de 2022, ha vuelto a intensificarse con bombardeos y desplazamientos masivos.
El Ministerio de Defensa etíope informó que las operaciones militares se centran en la región de Amhara, donde se han registrado enfrentamientos cuerpo a cuerpo y uso de artillería pesada. Según la ONU, más de 500 000 personas han sido desplazadas en los últimos meses, y la situación humanitaria se agrava por la escasez de alimentos y medicinas.
Los gobiernos de Sudán y Somalia han expresado su preocupación, temiendo que la violencia se extienda a sus territorios a través de flujos de refugiados y la proliferación de grupos armados. La Unión Africana ha convocado una reunión de emergencia para discutir medidas de contención y apoyo humanitario.
Mientras tanto, actores internacionales como Estados Unidos y la Unión Europea siguen presionando por una solución negociada, pero la falta de confianza entre las partes y la presencia de intereses geoestratégicos en la región complican cualquier avance hacia la paz.

