El 30 de septiembre de 2026, el expresidente Donald Trump, entrevistado por varios medios en Washington, describió a Kim Jong Un como un "amigo" y restó importancia al programa nuclear de la República Popular Democrática de Corea. La declaración surgió tras una pregunta sobre por qué Corea del Norte podía poseer armas nucleares mientras EE. U. mantenía su propio arsenal.
Trump argumentó que la relación entre ambos líderes era de "mutuo respeto" y que la amenaza nuclear norcoreana estaba sobrevalorada. Estas palabras contrastan con la política oficial del gobierno actual, que sigue considerando a Corea del Norte una amenaza significativa para la seguridad regional.
La comunidad internacional reaccionó con cautela; aliados como Japón y Corea del Sur emitieron comunicados subrayando la necesidad de mantener la presión diplomática y sanciones para evitar la proliferación nuclear. Por su parte, Pekín observó los comentarios sin emitir una respuesta directa, aunque mantuvo su postura de apoyo a la desnuclearización de la península.
Expertos advierten que la retórica de Trump, aunque fuera de la administración oficial, podría ser utilizada por Pyongyang para reforzar su narrativa interna y justificar la expansión de su arsenal. El futuro de las negociaciones de desarme dependerá de la capacidad de los gobiernos involucrados para separar la política personal de la estrategia estatal.


