El 25 de septiembre de 2026, el expresidente Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping asistieron a una cena de Estado en la Casa Blanca, organizada por el presidente actual de EE. UU. La velada contó con intercambios de regalos y discursos breves en los que ambos líderes expresaron su deseo de "fortalecer la amistad" entre sus naciones.
A pesar de la atmósfera cordial, los temas críticos que separan a Estados Unidos y China —como la regulación de la inteligencia artificial, las barreras comerciales y la situación de los derechos humanos en Xinjiang— quedaron sin avances. Los comunicados oficiales señalaron que se mantendrían "diálogos continuos" pero no se anunciaron compromisos ni planes de acción concretos.
Analistas de política exterior interpretan la cena como una maniobra de imagen destinada a calmar la tensión pública mientras se siguen negociando cuestiones estratégicas en la sombra. La ausencia de resultados tangibles refuerza la percepción de que la rivalidad tecnológica y geopolítica sigue sin resolverse.
El evento también incluyó la presencia de empresarios de alto nivel y representantes de la comunidad tecnológica, lo que sugiere que, aunque no haya acuerdos formales, ambas partes buscan mantener canales de comunicación abiertos para futuros proyectos de cooperación limitada.