El 24 de septiembre de 2026, el presidente Donald Trump recibió al presidente de la República Popular China, Xi Jinping, en la Casa Blanca. La ceremonia incluyó una alfombra roja y el paso de dos bombarderos B‑1 sobre el National Mall, generando un estruendo que se escuchó a varios kilómetros.
Durante el acto, el secretario del Tesoro de EE.UU. anunció que ambas naciones habían acordado extender el tratado de tregua comercial que había sido vigente desde 2024, buscando evitar una escalada de aranceles en medio de crecientes tensiones tecnológicas.
El despliegue militar, aunque simbólico, fue interpretado por analistas como una muestra de poderío estadounidense, mientras que la visita de Xi buscaba reforzar la cooperación económica y estratégica, particularmente en sectores como la energía y la inteligencia artificial.
A pesar del tono cordial, la comunidad internacional observó con cautela la combinación de gestos diplomáticos y demostraciones militares, que podrían influir en la dinámica de la competencia global entre ambas potencias.

