En la jornada del 23 de septiembre de 2026, el presidente Donald Trump y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvieron una breve pero simbólica reunión en los pasillos de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York. La cita, realizada a menos de quince kilómetros del edificio de la Corte Suprema de EE. UU., fue capturada por varios medios internacionales y marcó la primera interacción directa entre ambos dirigentes desde la designación de Rodríguez por parte de la administración estadounidense.
Durante el encuentro, ambos líderes intercambiaron saludos y expresaron su disposición a retomar conversaciones sobre la crisis humanitaria y económica que atraviesa Venezuela. Trump subrayó la intención de Washington de apoyar una transición política que, según su gobierno, favorezca la estabilidad y la democracia en el país sudamericano. Por su parte, Rodríguez agradeció el gesto y anunció la apertura de una misión diplomática venezolana a la ONU para presentar propuestas de cooperación en energía y seguridad.
El hallazgo ha sido recibido con cautela por países de la región. Mientras Brasil y Colombia observan con interés la posible reconfiguración del equilibrio geopolítico, Rusia y China han emitido declaraciones de preocupación, advirtiendo que cualquier intervención externa podría desestabilizar aún más la situación venezolana. Asimismo, la oposición venezolana ha denunciado la legitimidad del encuentro, calificándolo de "manipulación política".
En el plano interno de EE. UU., la reunión refuerza la estrategia de la administración Trump de contrarrestar la influencia rusa y china en América Latina, al tiempo que busca abrir canales de diálogo que puedan traducirse en futuros acuerdos comerciales y de seguridad. El desarrollo será seguido de cerca por analistas internacionales, que evaluarán si este gesto se traduce en una política sostenida o en una mera maniobra diplomática de corto plazo.

