En la segunda vuelta celebrada el 5 de noviembre de 2026, Luiz Inácio Lula da Silva superó a Flávio Bolsonaro con un estrecho margen, revalidando su mandato para un tercer período. Los resultados mostraron que los votantes de 60 años y más, que representaron cerca del 18 % del padrón electoral, se inclinaron mayoritariamente por el candidato de la izquierda, proporcionando los votos de balancín necesarios para revertir la ventaja inicial de la derecha.
El propio Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, ha denunciado sin pruebas un supuesto robo electoral y ha buscado refugio en Miami, donde continúa impulsando su narrativa de fraude. Sin embargo, los observadores internacionales certificaron la transparencia del proceso y descartaron irregularidades significativas.
El papel de los ancianos en la elección no solo subraya la importancia demográfica del voto senior, sino que también refleja una reacción contra la polarización política que ha marcado la última década en Brasil. Los partidos de izquierda han orientado sus campañas hacia la seguridad social y la salud, temas prioritarios para este segmento poblacional.
Con la victoria de Lula, se espera la continuidad de políticas de expansión del gasto social, así como una postura más firme en la defensa de la democracia frente a los intentos de desestabilización de la derecha. El escenario político brasileño se perfila ahora con una mayor estabilidad, aunque la oposición seguirá intentando movilizar a sus bases.




