En un informe publicado el 13 de octubre de 2026, el Ministerio de Economía de Alemania señaló que la presión de los precios de los productos importados desde China ha superado los beneficios obtenidos por las exportaciones alemanas a ese país. La balanza comercial, que históricamente favorecía a Alemania, muestra ahora un déficit creciente en sectores como la electrónica, los componentes automotrices y los productos químicos.
Los responsables alemanes argumentan que la dependencia de materias primas críticas, como los semiconductores y los metales raros, está comprometiendo la competitividad de la industria nacional. Ante este escenario, se están evaluando políticas de sustitución de importaciones, incentivos a la producción local y la firma de acuerdos de libre comercio con terceros países que puedan ofrecer alternativas fiables.
A nivel político, la revisión de la política comercial con China genera tensiones dentro de la Unión Europea, donde algunos estados miembros presionan por una postura más firme contra Pekín, mientras que otros temen represalias económicas. La reciente decisión de Alemania de retrasar la aprobación de nuevas inversiones chinas en el sector energético subraya la creciente cautela del gobierno.
Expertos advierten que cualquier medida proteccionista podría desencadenar una escalada de tensiones comerciales, afectando no solo a Alemania sino a toda la cadena de suministro europea. Sin embargo, la necesidad de garantizar la seguridad de suministro y la estabilidad de precios parece estar impulsando una reevaluación estratégica que podría redefinir la relación comercial entre ambos países en los próximos años.


