El think‑tank Atlantic Council publicó dos análisis que abordan la relación de Donald Trump con Rusia y Ucrania. El primero, titulado “What will end Trump’s back‑and‑forth approach toward Russia and Ukraine”, plantea que la falta de una posición clara del expresidente se debe a su estilo personal y a la presión de grupos de interés internos.
Según el informe, la presión del Congreso, los grupos de defensa de los derechos humanos y la opinión pública podrían ser los factores decisivos para que Trump adopte una postura más dura contra el presidente ruso Vladimir Putin. El documento señala que, de mantenerse la ambigüedad, EE. UU. corre el riesgo de debilitar la cohesión de la OTAN y de ofrecer a Rusia una mayor libertad de maniobra en el frente ucraniano.
El segundo análisis, “North Korea may be the biggest winner of Russia’s war in Ukraine”, destaca que Pyongyang se beneficia indirectamente del conflicto al recibir tecnología militar, experiencia de combate y recursos financieros de Moscú. Esta dinámica complica aún más la política exterior estadounidense, pues cualquier relajamiento de la presión sobre Rusia podría fortalecer a Corea del Norte, un adversario estratégico de EE. UU.
En conjunto, los estudios sugieren que la combinación de factores internos estadounidenses y la evolución del conflicto en Europa del Este podrían determinar si Trump mantendrá su estilo errático o adoptará una política más firme. La respuesta tendrá implicaciones directas para la seguridad europea, la estabilidad de Ucrania y el equilibrio de poder en la región del Indo‑Pacífico.
El artículo concluye que, mientras la presión interna sea insuficiente, la postura de Trump seguirá siendo un factor de incertidumbre que los aliados de Washington deberán gestionar mediante mecanismos multilaterales y una mayor coordinación con la OTAN.
