El pasado sábado, grupos de colonos israelíes en Cisjordania irrumpieron en una zona donde se encontraban varios diplomáticos de la Unión Europea, lanzando proyectiles incendiarios que provocaron daños materiales y evacuaciones de emergencia. Los testigos describieron a los agresores como “mascarados” y portando armas ligeras, mientras que la policía israelí tardó varios minutos en intervenir.
En simultáneo, se registraron varios intentos de ataque con drones no tripulados dirigidos a instalaciones estratégicas en Riyadh, la capital saudí. Según fuentes militares saudíes, al menos dos drones fueron interceptados por sistemas de defensa aérea, aunque no se descartó que alguno haya causado daños menores.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de la UE condenó enérgicamente el asalto a sus representantes, calificándolo de violación del derecho internacional y solicitó una investigación inmediata. Por su parte, el gobierno israelí anunció una revisión interna de la seguridad en los asentamientos, mientras que Irán emitió una declaración de apoyo a los palestinos y una advertencia de que cualquier agresión contra sus aliados sería considerada una provocación.
El episodio ocurre en un contexto de creciente rivalidad entre Irán e Israel, que se ha traducido en intercambios de ataques cibernéticos y operativos militares en la región. La posibilidad de que Arabia Saudí se vea involucrada directamente eleva el riesgo de una confrontación más amplia que podría afectar la estabilidad del mercado petrolero y la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz.

