El martes 13 de octubre de 2026, medios hutíes informaron que una fuerza aérea saudí bombardeó una instalación de la Yemen Oil Company situada en las afueras de la capital, Saná. Según los reportes, el objetivo era una planta de procesamiento de crudo que abastece al mercado interno y a exportaciones estratégicas. No se confirmaron víctimas mortales, pero los daños estructurales podrían reducir la capacidad de producción en varios miles de barriles al día.
El Ministerio de Defensa de Arabia Saudí no ha emitido un comunicado oficial, aunque fuentes cercanas al reino sugieren que el golpe forma parte de una campaña para presionar a los hutíes y limitar sus ingresos por venta de petróleo. En respuesta, la oficina de prensa de los hutíes emitió una declaración en la que califican el ataque de "agresión injustificada" y prometen contraatacar contra instalaciones energéticas saudíes, incluida la gigante estatal Aramco.
Paralelamente, la embajada de Francia en Riad emitió una alerta a sus ciudadanos, recomendándoles evitar los aeropuertos de Riyadh, Jeddah y Dammam, que según los hutíes podrían convertirse en objetivos de futuros ataques. La medida refleja la creciente preocupación de los gobiernos europeos ante la expansión del conflicto a infraestructuras civiles.
El incidente subraya la fragilidad de la infraestructura energética y la posibilidad de que la guerra en Yemen se extienda a la cadena de suministro global de energía, generando incertidumbre en los mercados internacionales y presionando a los actores regionales a reconsiderar sus estrategias militares.


