En los últimos días, dos buques de la Marina de Bulgaria y de Rumanía fueron derribados en el Mar Negro después de sufrir ataques con drones de origen no identificado, según informes de la OTAN. Los incidentes ocurrieron a escasa distancia de la costa búlgara, lo que ha puesto en relieve la fragilidad de la defensa marítima en la zona.
Bulgaria, miembro de la OTAN desde 2004, ha sido considerada tradicionalmente como un punto estratégico para el control de rutas comerciales y militares en el Mar Negro. Sin embargo, la falta de inversión en sistemas de defensa aérea y la escasa modernización de su flota naval la convierten en un posible punto de vulnerabilidad frente a la expansión de la actividad militar rusa.
El ataque con drones se produce en el contexto de una escalada de tensiones entre Rusia y la alianza occidental, que ha intensificado sus ejercicios navales en la región. Moscú ha denunciado la presencia de la OTAN como una amenaza a su seguridad, mientras que los aliados occidentales acusan a Rusia de intentar desestabilizar la zona mediante acciones encubiertas.
Expertos en seguridad marítima advierten que la pérdida de los buques no solo representa un golpe material, sino también un mensaje de que la capacidad de respuesta de los países balcánicos es insuficiente. La OTAN ha anunciado la revisión de sus planes de despliegue en el Mar Negro, considerando la posibilidad de reforzar la presencia aérea y naval en Bulgaria y Rumanía.
El gobierno búlgaro ha respondido que iniciará una investigación exhaustiva y que evaluará la necesidad de adquirir sistemas de defensa antiaérea más avanzados, en coordinación con sus socios de la OTAN, para evitar futuros incidentes que pongan en riesgo la estabilidad regional.


