Los mercados asiáticos cerraron el viernes con fuertes pérdidas tras la publicación de los resultados de las elecciones de medio término en Estados Unidos, que reavivaron los temores de una regulación más estricta sobre la inteligencia artificial. En Tokio, el índice Nikkei Technology cayó un 4,2%, mientras que en Seúl el KOSPI Tech perdió un 3,8%. Los analistas atribuyen esta caída a la expectativa de que el Congreso, impulsado por la mayoría demócrata, apruebe normas que limiten el entrenamiento de modelos de IA a gran escala y exijan auditorías de sesgo.
En Wall Street, el Nasdaq-100, que agrupa a las principales empresas de tecnología, retrocedió un 2,3% en la jornada, y el índice de IA de Nasdaq registró su mayor descenso semanal desde 2022. Los fondos de capital de riesgo que invierten en startups de IA también vieron caer sus valoraciones, generando una ola de ventas entre los inversores institucionales. La reacción se intensificó cuando varios analistas de Wall Street señalaron que la regulación podría afectar a gigantes como Microsoft, Google y Amazon, que dependen de la IA para sus servicios en la nube.
Los mercados europeos siguieron la tendencia, con el índice Stoxx Europe 600 Technology perdiendo un 2,1%. Los corredores de bolsa advierten que la incertidumbre regulatoria podría prolongarse durante varios meses, mientras se discuten los proyectos de ley en el Congreso y se evalúan sus impactos en la competitividad global. Por su parte, los gobiernos de Japón y Corea del Sur han manifestado su intención de proteger la innovación local, pero también de alinearse con estándares internacionales para evitar sanciones comerciales.
En el contexto geopolítico, la caída de las acciones tecnológicas refleja cómo decisiones internas de EE.UU. pueden repercutir en la estabilidad económica mundial. La presión de la comunidad internacional para regular la IA, motivada por preocupaciones éticas y de seguridad, se enfrenta a la necesidad de mantener el ritmo de innovación que caracteriza a la economía digital. El episodio pone de relieve la delicada balanza entre regulación y crecimiento, y sugiere que futuros eventos electorales en EE.UU. seguirán influyendo en los mercados globales.


