Tras diez semanas de viajes internacionales, el presidente Paul Biya volvió a Yaoundé el pasado viernes, pero hasta la fecha no ha anunciado la formación de un nuevo gabinete ni la designación de un vicepresidente. La demora ha alimentado especulaciones sobre la dirección que tomará su administración en medio de crecientes presiones internas y externas.
Los analistas señalan que la reconfiguración del gobierno podría ser una respuesta a la creciente actividad de los grupos armados en la zona del Sahel, donde la inseguridad ha aumentado en los últimos meses, afectando tanto a la población civil como a la economía agrícola del país. Además, la oposición ha exigido reformas institucionales y mayor transparencia en la gestión de los recursos naturales, especialmente en el sector petrolero.
En el plano internacional, socios como Francia y la Unión Europea observan con atención los movimientos de Biya, pues la estabilidad de Camerún es considerada clave para la lucha contra el extremismo en África central. La comunidad internacional ha ofrecido apoyo técnico y financiero para fortalecer las fuerzas de seguridad y los programas de desarrollo, pero insiste en la necesidad de una gobernanza más inclusiva.
Mientras tanto, la sociedad civil camaronense mantiene protestas pacíficas exigiendo una transición política que incluya a representantes de la juventud y de los grupos étnicos marginalizados. La falta de un anuncio oficial sobre el nuevo gabinete mantiene la incertidumbre y podría afectar la percepción de estabilidad del país en los mercados internacionales.


