Brasil anunció que la deforestación en la Amazonía cayó al nivel más bajo registrado desde que se iniciaron los monitoreos en 1988, con una reducción del 42 % respecto al año anterior. Los datos, publicados por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), muestran que la superficie talada en 2026 fue de apenas 5.000 km², frente a los 8.600 km² del 2025.
Este descenso se produce en un contexto electoral crítico, pues la reelección del presidente Luiz Inácio Lula está programada para finales de octubre. La mejora ambiental se ha convertido en un argumento de campaña que el mandatario utiliza para contrastar su gestión con la de gobiernos anteriores, que fueron acusados de debilitar la protección de la selva.
Los analistas advierten que, aunque la cifra es alentadora, la presión de la expansión agropecuaria y la minería ilegal sigue latente. La vigilancia satelital y la mayor aplicación de multas han contribuido al descenso, pero la sostenibilidad de estos resultados dependerá de la continuidad de las políticas públicas y del compromiso internacional.
En el plano internacional, la noticia ha sido recibida con optimismo por organizaciones ambientales, que la citan como evidencia de que la política de cero tolerancia a la tala puede generar resultados tangibles. Sin embargo, también se subraya la necesidad de reforzar los mecanismos de control para evitar retrocesos una vez concluida la campaña electoral.


