La madrugada del 14 de octubre de 2026 la coalición liderada por Arabia Saudita lanzó una serie de ataques contra objetivos controlados por los rebeldes houthi en Yemen, entre ellos un depósito de combustible estratégico situado cerca de la capital houthi, Saná. Simultáneamente, un edificio de la compañía petrolera estatal Saudi Aramco en Dhahran, Arabia Saudita, fue alcanzado por misiles, lo que provocó una respuesta inmediata de los sistemas de defensa aérea saudíes.
Según informó la BBC, los sistemas de defensa antiaérea interceptaron varios proyectiles que se dirigían hacia el espacio aéreo de Riad, evitando posibles daños en la capital. Al Jazeera confirmó que los misiles fueron detectados y neutralizados antes de impactar, aunque no especificó el número exacto de interceptaciones. Los ataques se enmarcan dentro del conflicto prolongado en Yemen, donde la coalición saudí ha llevado a cabo campañas aéreas contra los houthi desde 2015.
El impacto de estos hechos es doble. Por un lado, la destrucción del depósito de combustible amenaza la capacidad logística de los houthi, reduciendo su acceso a recursos energéticos críticos. Por otro, el daño a la infraestructura de Aramco genera preocupación en los mercados internacionales de energía, pues cualquier interrupción en la producción saudí puede traducirse en aumentos de precios del petróleo a nivel global.
Las autoridades saudíes han anunciado que reforzarán sus sistemas de defensa aérea y que evaluarán una respuesta militar más contundente contra los houthi, mientras que los rebeldes, a través de sus canales de comunicación, acusan a la coalición de agresiones indiscriminadas y prometen contraataques. La comunidad internacional sigue observando con cautela, temiendo una posible escalada que podría involucrar a actores externos.

