En la madrugada del 29 de octubre, Corea del Norte lanzó alrededor de una docena de misiles balísticos de corto alcance desde su costa este, en el mar del Este, como respuesta a las acusaciones de Corea del Sur de que una mina terrestre explotó en territorio surcoreano, hiriendo a tres soldados. El anuncio oficial del Comité de Defensa del Norte describió los lanzamientos como una “acción de defensa legítima”.
Seúl, por su parte, acusó a Pyongyang de haber provocado la explosión de la mina y de haber violado el armisticio de 1953, exigiendo una investigación internacional. La situación se agrava porque la explosión ocurrió cerca de la zona desmilitarizada, un punto sensible que ha sido escenario de incidentes similares en los últimos años.
Los misiles fueron detectados por los sistemas de defensa aérea de Corea del Sur y Estados Unidos, que monitorizan la zona bajo el marco del Acuerdo de Defensa Mutua. Aunque ninguno de los proyectiles alcanzó territorio surcoreano, su lanzamiento subraya la capacidad de Pyongyang para producir y disparar armas balísticas en corto plazo.
La comunidad internacional ha llamado a la moderación, temiendo que la escalada pueda desencadenar una respuesta militar más amplia. La ONU ha programado una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad para evaluar la situación y buscar vías de desescalada.



