Desde junio de 2026 se han detectado incursiones de drones no identificados sobre instalaciones estratégicas en varios países de la Unión Europea, entre ellos Alemania y Polonia. Las autoridades de inteligencia de la UE atribuyen estos avistamientos a operativos rusos que buscarían desestabilizar la infraestructura crítica. Además, se han reportado al menos tres intentos de asesinato contra funcionarios europeos, presuntamente ejecutados por agentes vinculados a los servicios de inteligencia rusos.
El Kremlin niega cualquier implicación directa, pero documentos filtrados obtenidos por fuentes de seguridad indican una coordinación entre unidades de la GRU y grupos paramilitares en territorio europeo. La OTAN, por su parte, ha elevado el nivel de alerta en la zona y ha anunciado ejercicios conjuntos de defensa aérea para contrarrestar posibles ataques.
Expertos en seguridad advierten que la campaña, si se confirma, podría marcar una nueva fase de conflicto híbrido entre Rusia y Occidente, donde el uso de tecnologías no convencionales y operaciones encubiertas sustituye a la confrontación directa. La comunidad internacional observa con cautela, mientras se intensifican los diálogos diplomáticos para evitar una escalada.
En respuesta, varios gobiernos europeos han reforzado sus protocolos de seguridad interna y han solicitado asistencia técnica a Estados Unidos para la detección de drones y la protección de infraestructuras críticas. La situación sigue evolucionando y se espera una mayor presión diplomática sobre Moscú en los próximos días.



