En el sur de Líbano, los agricultores que tradicionalmente cosechan aceitunas en octubre se ven obligados a trabajar bajo la constante amenaza de drones y aviones de guerra que sobrevuelan los olivares. Testimonios de campesinos describen el sonido de los motores como una “nube de miedo” que impide la recolección segura y eficiente.
La presencia de la maquinaria militar, vinculada a los enfrentamientos entre Hezbollah y las fuerzas israelíes, ha provocado la interrupción de la cosecha en varios pueblos. Los agricultores temen que la pérdida de la producción de aceitunas, que representa una fuente de ingreso esencial, agrave la crisis económica que ya azota al país.
Organizaciones locales y ONG internacionales han intentado proporcionar asistencia, pero la inseguridad persiste, limitando la llegada de ayuda humanitaria y la posibilidad de transportar la cosecha a los mercados. Además, la incertidumbre sobre la duración del conflicto impide a los agricultores planificar la próxima temporada.
El impacto no se limita al sector agrícola; la escasez de aceite de oliva podría elevar los precios de los alimentos y afectar la dieta mediterránea típica del país. La comunidad internacional observa con preocupación la expansión del conflicto a áreas civiles, lo que plantea preguntas sobre la protección de la población civil bajo el derecho internacional humanitario.
