Según Al Jazeera, la última fase de los combates en Yemen ha trazado nuevas líneas de frente, desplazando a cientos de miles de personas que ya vivían en condiciones de vulnerabilidad. Los desplazados, que ahora se encuentran en campamentos improvisados, reportan que la disponibilidad de alimentos se ha reducido a menos de tres comidas diarias, lo que agrava una crisis humanitaria que ya supera los 20 millones de necesitados.
El Ministerio de Asuntos Humanitarios de la ONU advierte que la inseguridad alimentaria está alcanzando niveles de emergencia, con un aumento del 15 % en la prevalencia de desnutrición aguda en los últimos seis meses. Los bloqueos y la falta de acceso a zonas controladas por diferentes facciones dificultan la entrega de ayuda internacional.
Grupos de la sociedad civil y organizaciones no gubernamentales han intensificado sus campañas de recaudación y distribución de alimentos, pero la escasez de recursos y la inseguridad en las rutas logísticas limitan su efectividad. La población desplazada, mayoritariamente mujeres y niños, enfrenta riesgos de salud graves, incluida la propagación de enfermedades infecciosas por la falta de agua potable.
El escenario plantea un riesgo de desestabilización regional, ya que la escasez de alimentos podría impulsar migraciones masivas hacia países vecinos, incrementando la presión sobre los recursos de Sudán, Arabia Saudita y el Cuerno de África. La comunidad internacional sigue llamando a un alto el fuego y a la apertura de corredores humanitarios seguros para mitigar la crisis.


