El viernes, el primer ministro albanés Edi Rama acusó públicamente a “manos extranjeras” de estar detrás del aumento de la violencia en Tirana, donde enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad dejaron varios heridos. Las protestas, que comenzaron como una demanda contra reformas judiciales, se han convertido en un enfrentamiento más amplio contra el gobierno.
Las autoridades albanesas declararon el estado de emergencia en varios distritos y reforzaron la presencia policial, mientras que los líderes de la oposición denunciaron la acusación como un intento de desviar la responsabilidad. Grupos de la sociedad civil han pedido una investigación independiente para determinar la veracidad de las alegaciones.
La UE y la OTAN, que mantienen estrechos lazos con Albania, han expresado su preocupación y han instado a ambas partes a evitar una escalada. La situación se produce en un momento crítico, ya que Albania avanza en su proceso de adhesión a la UE y busca consolidar su posición estratégica en la región balcánica.
Si la tensión persiste, el gobierno podría enfrentar una crisis de legitimidad que comprometa sus planes de reformas y su agenda de integración europea. La comunidad internacional observará de cerca cualquier indicio de intervención externa, lo que podría complicar aún más la estabilidad del país.


