El 4 de octubre de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que, por el momento, no respaldará a ninguno de los dos principales candidatos en las elecciones presidenciales de Brasil: el ex‑presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el ex‑presidente Jair Bolsonaro. La declaración, publicada en una rueda de prensa en la Casa Blanca, subrayó que la decisión dependerá de la evolución del proceso electoral y de los compromisos de cada candidato con la política exterior de EE. UU.
Esta postura ha generado una ola de especulaciones en Brasil, donde la influencia de Washington en la política interna ha sido un tema recurrente desde la caída del muro de Berlín. Los analistas de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) han intensificado la vigilancia de contactos entre funcionarios de la campaña de Lula y representantes de la administración Trump, mientras que el equipo de Bolsonaro ha denunciado una posible campaña de desinformación respaldada por EE. UU.
Los partidos políticos brasileños han reaccionado de forma diversa: el Partido de los Trabajadores ha pedido claridad sobre la posición de EE. UU., mientras que el Partido Liberal ha utilizado la ambigüedad de Trump para movilizar a sus bases anti‑globalistas. En el ámbito internacional, observadores de la Organización de los Estados Americanos (OEA) han advertido que cualquier señal de apoyo externo podría erosionar la confianza en la integridad del proceso electoral.
A medida que se acercan las urnas, la incertidumbre sobre la postura de Trump se mantiene como un factor de riesgo geopolítico que podría influir en la relación bilateral entre Brasil y Estados Unidos, especialmente en áreas como comercio, energía y cooperación en seguridad regional.

