El 10 de octubre de 2026, el Departamento de Estado de EE.UU. recibió en Washington a delegados de la Unión Europea y de Ucrania para una serie de reuniones que, según el propio secretario de Estado, fueron "productivas" y orientadas a concretar un acuerdo de paz antes de la llegada del invierno. El objetivo principal es diseñar un marco que garantice la seguridad de Ucrania, facilite la retirada de fuerzas rusas y establezca mecanismos de supervisión internacional.
Steve Witkoff, enviado especial de EE.UU. para la paz en Ucrania, explicó que las negociaciones se enfocarán en tres ejes: la garantía de soberanía ucraniana, la reconstrucción de infraestructuras críticas y la revisión de las sanciones económicas impuestas a Rusia. Además, se discutirán posibles incentivos para Moscú, como la reducción gradual de sanciones a cambio de compromisos verificables.
Los representantes europeos, encabezados por la Comisión Europea, subrayaron la necesidad de una solución que incluya la reintegración de los territorios ocupados bajo supervisión de la ONU y la OTAN. Por su parte, el gobierno ucraniano reiteró su posición de no ceder a la presión militar rusa y exigió la retirada total de todas las fuerzas invasoras.
Aunque las conversaciones avanzan, los analistas advierten que la falta de confianza mutua y la presión interna en Moscú podrían dificultar la concreción de un acuerdo. Sin embargo, la iniciativa estadounidense representa un intento renovado de romper el estancamiento diplomático que ha caracterizado el conflicto desde 2022.

