Funcionarios de inteligencia de EE. UU. han revelado que una empresaria de origen chino habría estado recopilando datos confidenciales sobre la estrategia de desarrollo de Nvidia, el principal fabricante de unidades de procesamiento gráfico. Según los informes, la información habría sido transmitida a agentes vinculados al gobierno de Pekín con el objetivo de acelerar los programas de IA del país.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha abierto una investigación formal y ha solicitado a Nvidia que coopere con la fiscalía para identificar posibles vulnerabilidades en sus sistemas internos. La empresa, que cotiza en la bolsa de Nueva York, ha emitido un comunicado asegurando que sus procesos de seguridad cumplen con los estándares internacionales y que no se ha detectado ninguna brecha.
El gobierno chino, por su parte, ha negado rotundamente las acusaciones, calificándolas de "fabricaciones" destinadas a alimentar la narrativa de amenaza tecnológica que EE. UU. ha venido construyendo. El Ministerio de Relaciones Exteriores de China ha pedido pruebas concretas antes de que se tomen medidas diplomáticas.
El caso se produce en un contexto de creciente tensión entre ambas potencias, donde EE. UU. ha impuesto recientemente restricciones a la exportación de chips avanzados a China y ha intensificado la vigilancia de actividades de espionaje industrial. Expertos advierten que el desenlace podría afectar la cooperación en investigación y desarrollo de IA a nivel global.


