En una ceremonia celebrada en la sede de la ONU, el presidente Donald Trump y el primer ministro danés anunciaron la firma de un acuerdo de seguridad que otorga a EE. UU. el derecho de establecer dos bases militares permanentes en Groenlandia. El tratado incluye la modernización de infraestructuras existentes, la realización de ejercicios conjuntos y la instalación de sistemas de vigilancia avanzados.
El pacto, que también reafirma la soberanía de Dinamarca sobre su territorio ártico, fue recibido con entusiasmo por los aliados de la OTAN, que ven en la medida una respuesta necesaria a la creciente actividad militar rusa en el Ártico. Sin embargo, tanto Moscú como Pekín emitieron declaraciones de preocupación, argumentando que la presencia estadounidense alterará el equilibrio estratégico en la región y podría desencadenar una carrera armamentista.
Analistas de seguridad señalan que la ubicación de Groenlandia, a pocos cientos de kilómetros del Polo Norte, la convierte en un punto clave para la vigilancia de rutas marítimas emergentes y la protección de recursos naturales, como el gas y el petróleo. El acuerdo también contempla la cooperación en investigación climática, aunque los críticos advierten que la militarización podría obstaculizar los esfuerzos de conservación.
El anuncio se produce en medio de una serie de tensiones geopolíticas en el Ártico, donde varios países reclaman derechos sobre áreas ricas en recursos. La comunidad internacional observará de cerca cómo evoluciona la relación entre EE. UU., Dinamarca y los actores rivales, y si el pacto desencadena nuevas negociaciones multilaterales sobre la gobernanza del Ártico.
