Durante la sesión de la Asamblea General de la ONU, el emir de Qatar, Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, lanzó un llamado enérgico a la diplomacia, describiendo la situación del Golfo como "una de las fases más peligrosas" de su historia reciente. El mandatario señaló que años de retraso en los procesos de diálogo han contribuido al estallido de la guerra entre EE. UU. e Irán, y que la falta de acuerdos sobre el estrecho de Ormuz y el paso de Bab al‑Mandab pone en riesgo el flujo de petróleo mundial.
Tamim enfatizó que la reapertura del estrecho de Ormuz es esencial para la seguridad energética global y pidió a todas las partes que cesen las amenazas y retomen las negociaciones bajo los auspicios de la ONU. En paralelo, el ministro de Relaciones Exteriores de Qatar destacó la necesidad de un marco multilateral que incluya a Irán, Arabia Saudita y los Estados Unidos para gestionar la seguridad marítima del Golfo.
Expertos en geopolítica marítima coincidieron en que la retórica del emir, aunque simbólica, refleja la creciente preocupación de los estados del Golfo ante la posibilidad de una interrupción prolongada del tráfico de hidrocarburos. El estrecho de Ormuz, que canaliza cerca del 20 % del petróleo mundial, y Bab al‑Mandab, clave para el comercio entre África y Asia, son vulnerables a bloqueos y ataques, lo que podría disparar los precios del crudo y desestabilizar economías dependientes del sector energético.
La comunidad internacional, incluida la Unión Europea y la Organización de Cooperación de Shanghai, ha manifestado su apoyo a una solución diplomática, aunque la postura de EE. UU. sigue siendo firme en su política de presión contra Irán. El llamado del emir de Qatar busca, en última instancia, crear un espacio de negociación que evite una escalada militar y garantice la libre circulación de mercancías en una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.

