El secretario adjunto de Estado de EE.UU., Antony Blinken, llegó a Moscú el lunes para sostener una reunión de alto nivel con el presidente Vladimir Putin. La agenda incluyó la discusión sobre la situación en el frente oriental de Ucrania y la necesidad de reforzar la cooperación en materia de inteligencia.
Durante el encuentro, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski afirmó que el intercambio de información entre Kiev y Washington está funcionando de manera eficaz, desmintiendo las acusaciones de que EE.UU. habría retenido datos críticos. Zelenski calificó el flujo de inteligencia como "una herramienta vital" para anticipar los movimientos de las fuerzas rusas.
Por su parte, el gobierno ruso describió la visita como "una provocación" y acusó a EE.UU. de interferir en los asuntos internos de Ucrania. Sin embargo, los diplomáticos estadounidenses insistieron en que la reunión busca estabilizar la región y evitar una escalada mayor del conflicto.
Los analistas advierten que, aunque el intercambio de inteligencia puede mejorar la capacidad defensiva de Ucrania, la presencia de un alto funcionario estadounidense en Moscú podría complicar las negociaciones de paz en curso y aumentar la desconfianza entre ambas potencias.



