Las elecciones intermedias que se celebrarán el 5 de noviembre de 2026 constituyen el punto de inflexión para la configuración del poder legislativo en Estados Unidos. Los republicanos y los demócratas compiten ferozmente por la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado, una contienda que definirá la capacidad del presidente Donald Trump para impulsar su agenda sin obstáculos.
En medio de esta pugna, Trump ha intensificado su gira por los bastiones republicanos del medio oeste y del sur, donde ha buscado movilizar a la base con discursos que acentúan la supuesta amenaza de la izquierda y la necesidad de “restaurar la grandeza”. Sin embargo, las encuestas recientes indican una caída del apoyo popular al expresidente, lo que ha generado preocupación dentro del Partido Republicano sobre su viabilidad como candidato a la Casa Blanca en 2028.
Paralelamente, la visita del presidente ucraniano Volodímir Zelenski a Washington, en la que se reunió con Trump, ha añadido una dimensión internacional al proceso electoral. Zelenski, que ha pedido un mayor compromiso militar y financiero de EE.UU. contra la invasión rusa, utilizó la ocasión para presionar a Trump y a los legisladores estadounidenses, subrayando que la ayuda a Ucrania depende del resultado de las elecciones.
El cruce de estos factores –la lucha por el control del Congreso, la campaña de Trump en territorio republicano y la presión de Ucrania– genera un escenario de alta volatilidad. Los resultados podrían influir no solo en la política interna, sino también en la capacidad de Washington para mantener su liderazgo en la coalición occidental contra Rusia y en la defensa de la democracia liberal a nivel global.


