En una histórica decisión, el rey Mohamed VI nombró a Fatima El Mansouri como la primera mujer en ocupar el cargo de primera ministra de Marruecos. Su nombramiento, anunciado en junio de 2026, ha sido recibido con entusiasmo por sectores progresistas que ven en ella una oportunidad para avanzar en la agenda de igualdad de género.
Sin embargo, la nueva líder se encuentra en una posición delicada, atrapada entre la autoridad del monarca, la influencia de los clérigos conservadores y las demandas de los grupos feministas que exigen reformas estructurales. El Mansouri ha declarado su intención de impulsar políticas que mejoren la participación femenina en la economía y la política, pero ha advertido que cualquier cambio debe respetar la tradición y la cohesión social del país.
Los analistas señalan que el equilibrio entre la monarquía y la clericalía es crucial para la estabilidad del reino. Mientras el rey mantiene un control firme sobre la política exterior y la seguridad, los líderes religiosos poseen una gran influencia sobre la legislación interna, especialmente en temas de familia y educación. La capacidad de El Mansouri para navegar estas aguas determinará el alcance de sus reformas.
En el contexto regional, Marruecos busca reforzar su posición en África del Norte y en la Unión Africana, y la presencia de una mujer al frente del gobierno podría mejorar su imagen internacional. No obstante, la presión interna y la necesidad de mantener el apoyo del rey y los clérigos hacen que el futuro de su agenda sea incierto.

