Israel convoca a las urnas el martes 25 de octubre de 2026 para una elección que se considera crucial tanto para la política interna como para la estrategia de seguridad en la región. Tras tres años de conflicto abierto con Gaza, la campaña se ha convertido en una pugna entre los partidos que abogan por una postura dura frente a los grupos militantes y aquellos que promueven una solución negociada.
Los principales contendientes son el Likud, liderado por el actual primer ministro, y una coalición de partidos de centro-izquierda encabezada por el Laborista. La campaña ha estado marcada por acusaciones de corrupción, debates sobre la expansión de los asentamientos y la creciente presión de la comunidad internacional para que Israel reduzca la intensidad de sus operaciones militares.
Los analistas internacionales advierten que la composición del Knesset influirá directamente en la capacidad del gobierno para aprobar leyes de seguridad y en la posibilidad de iniciar negociaciones de paz. Un parlamento fragmentado podría obligar a formar coaliciones inestables, lo que complicaría la toma de decisiones en un momento de alta tensión con Hamas y otros actores regionales.
Observadores de la Unión Europea y de la ONU han enviado misiones de monitoreo para garantizar la transparencia del proceso electoral, mientras que organizaciones de derechos humanos denuncian restricciones a la libertad de prensa y a la participación de minorías. Los resultados, que se esperan publicar en la noche del mismo día, serán analizados como un barómetro de la dirección que tomará la política israelí en los próximos años.


