El 25 de octubre de 2026, los ciudadanos de Serbia acudieron a las urnas para elegir a los 250 diputados que integrarán el nuevo Parlamento. La contienda se desarrolla bajo la sombra del Partido Progresista Serbio (SNS), liderado por el presidente Aleksandar Vučić, que ha gobernado el país durante más de diez años mediante una combinación de control mediático y alianzas con partidos menores.
En los últimos meses, una ola de protestas surgidas en las universidades de Belgrado y Novi Sad, encabezadas por estudiantes que demandan mayor transparencia electoral y reformas en la educación, ha puesto en evidencia el descontento de la juventud serbia. Los manifestantes han organizado marchas masivas y ocupaciones de campus, exigiendo que el proceso electoral sea verdaderamente competitivo.
Los observadores internacionales, entre ellos la Unión Europea y la OSCE, han enviado misiones de monitoreo para evaluar la equidad del voto y la libertad de prensa. Un posible debilitamiento del SNS abriría la puerta a coaliciones de oposición, como el bloque de la Alianza Democrática y el Partido Socialista, que buscan acercar a Serbia a los estándares europeos de gobernanza.
El resultado de esta elección será crucial para el futuro de la integración de Serbia en la UE, un proceso que ha avanzado lentamente debido a preocupaciones sobre el Estado de derecho y la relación con Rusia. Asimismo, la dirección política del país influirá en la estabilidad de los Balcanes occidentales, una región históricamente marcada por tensiones étnicas y geopolíticas.

