Los últimos sondeos publicados por la Universidad de São Paulo indican que Lula lidera con un 48 % de intención de voto, mientras que Flávio Bolsonaro se sitúa en torno al 44 %, dejando a los candidatos menores con escasas posibilidades de alterar el resultado. La campaña se ha intensificado en los últimos meses, con debates televisados que han puesto de relieve temas como la inflación, la seguridad pública y la política ambiental del Amazonas.
El candidato de la derecha, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, ha centrado su discurso en la lucha contra la corrupción y la supuesta “cultura del delito” que, según él, ha caracterizado los últimos gobiernos. Por su parte, Lula ha reiterado su compromiso con la recuperación económica, la ampliación de programas sociales y la defensa de la integración regional a través del Mercosur y la Alianza del Pacífico.
En el plano internacional, la posible reelección de Lula reforzaría la alianza de Brasil con países del bloque del Sur Global, mientras que una victoria de Flávio Bolsonaro podría acercar al país a una postura más alineada con Estados Unidos y con gobiernos de derecha en la región. Ambas opciones generan expectativas distintas en los mercados de energía, especialmente en el sector del petróleo y el bioetanol.
Los observadores advierten que la polarización del electorado podría traducirse en protestas masivas en las principales ciudades, como São Paulo y Río de Janeiro, y que la comunidad internacional está atenta a cualquier señal de inestabilidad que pueda afectar la cadena de suministro de materias primas latinoamericanas.



