A medida que se acercan las elecciones intermedias de noviembre de 2026, varios grupos de derechos civiles expresan su preocupación de que la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) sea utilizada como herramienta política por candidatos que buscan capitalizar el tema migratorio. La posible inclusión de agentes de ICE en actos de campaña ha despertado temores de que se legitime una política de deportaciones más agresiva, reminiscentes de la era Trump.
En paralelo, funcionarios iraníes han emitido declaraciones indicando que, tras los resultados de las elecciones, Estados Unidos podría lanzar una nueva ofensiva militar contra Irán. Estas advertencias forman parte de una estrategia interna para consolidar el apoyo al régimen, presentando a EE. UU. como una amenaza externa que justifique medidas de seguridad reforzadas.
Analistas internacionales señalan que la combinación de una campaña electoral centrada en la inmigración y la retórica iraní podría traducirse en un aumento de la tensión diplomática, especialmente en zonas de conflicto como el Golfo Pérsico. La comunidad internacional observa con cautela la evolución de ambos frentes, pues cualquier escalada podría repercutir en la estabilidad regional.
En este contexto, la presión sobre ICE y la postura iraní subrayan cómo los procesos electorales internos de EE. UU. pueden tener repercusiones más allá de sus fronteras, influyendo en la política de seguridad global y en la percepción de amenazas externas.

