En los Estados Unidos, los votantes se preparan para las elecciones intermedias que se celebrarán en noviembre de 2026, un proceso que determinará la composición del Congreso para los próximos dos años. La contienda es particularmente relevante para la presidencia de Donald Trump, quien, a pesar de no ocupar el cargo, sigue ejerciendo una fuerte influencia dentro del Partido Republicano.
Los republicanos buscan mantener la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado, lo que les permitiría impulsar la agenda conservadora y respaldar los proyectos de ley propuestos por los aliados de Trump. Por su parte, los demócratas intentan recuperar escaños perdidos en elecciones anteriores y frenar la agenda del expresidente, especialmente en áreas como la reforma migratoria y la política comercial.
Los analistas señalan que la participación electoral será alta, impulsada por la polarización política y la percepción de que los resultados intermedios pueden predecir la dirección de la próxima elección presidencial. Además, la posible aprobación de leyes de reforma electoral y de financiación de campañas podría modificar el panorama político a largo plazo.
El resultado de estas elecciones tendrá repercusiones no solo a nivel interno, sino también en la política exterior, ya que el Congreso controla la autorización de fondos para la defensa y la diplomacia, y puede influir en la postura de EE. UU. frente a China, Rusia y otras potencias.
