El Servicio de Información de la BBC informó que unidades militares eritreas fueron avistadas cruzando la frontera hacia el norte de Etiopía, en la zona de la región de Tigray, en la madrugada del 9 de octubre 2026. El gobierno etíope respondió con un comunicado en el que afirmó que sus fuerzas estaban defendiendo la soberanía nacional y que cualquier agresión sería repelida con firmeza.
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Eritrea emitió una declaración negando cualquier respaldo al Frente Popular de Tigray (TPLF) y acusó a Etiopía de intentar desestabilizar la región mediante provocaciones militares. Ambas partes se culpan mutuamente de haber iniciado una guerra abierta, lo que ha encendido alarmas en la comunidad internacional.
La escalada se produce en un contexto de larga historia de hostilidad entre ambos países, que incluye una guerra total entre 1998 y 2000 y una serie de disputas fronterizas sin resolver. La reciente intervención de fuerzas etíopes en el conflicto de Tigray (2020‑2022) y la presencia de milicias respaldadas por Eritrea en esa zona han mantenido la zona en un estado de tensión permanente.
Organismos como la Unión Africana y la Comisión de la ONU para el Desarme han pedido una inmediata desescalada y la apertura de canales de diálogo. Sin embargo, la retórica beligerante y los movimientos de tropas indican que el riesgo de una conflagración a gran escala en el Cuerno de África está aumentando, lo que podría afectar rutas comerciales estratégicas y la seguridad alimentaria de millones de personas en la región.



