El 30 de octubre de 2026 el volcán Mayon, situado en la provincia de Albay, volvió a entrar en fase eruptiva, expulsando una columna de ceniza que alcanzó los 3.000 metros sobre su cumbre. Las autoridades filipinas declararon alerta roja y ordenaron la evacuación de más de 10.000 habitantes de los barrios más vulnerables alrededor del cono.
El Servicio Volcánico de Filipinas (PHIVOLCS) cerró los aeropuertos de Legazpi y Naga, y suspendió los vuelos internacionales que cruzaban la zona, lo que provocó retrasos y cancelaciones que afectaron a cientos de pasajeros. Equipos de emergencia desplegaron unidades de rescate y distribuían kits de protección respiratoria a la población desplazada.
El derrame de ceniza ha contaminado fuentes de agua y ha cubierto cultivos de arroz y coco, generando temores de pérdidas agrícolas significativas. El gobierno ha solicitado asistencia técnica y humanitaria a la ONU y a países aliados, entre ellos Estados Unidos y Japón, para reforzar los recursos de socorro y garantizar la distribución de alimentos y medicinas.
A nivel regional, la erupción reaviva la discusión sobre la vulnerabilidad de Filipinas a desastres naturales y la necesidad de fortalecer la infraestructura de mitigación, un tema que influye en la cooperación de seguridad y ayuda humanitaria en el sudeste asiático.


