El pasado 30 de octubre, la Guardia Revolucionaria Iraní (IRGC) informó que cuatro buques cisterna fueron dañados al detonar minas navales situadas en el estrecho de Ormuz. Según el comunicado, los explosivos fueron activados por lo que describen como "actividades no autorizadas" en la zona, que pertenece a la jurisdicción iraní.
El estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico, concentra aproximadamente el 20 % del petróleo crudo transportado a nivel mundial. Cualquier interrupción en su tránsito repercute directamente en los precios internacionales del crudo y en la estabilidad de los mercados energéticos.
Las autoridades iraníes han solicitado a la comunidad internacional que condene la colocación de minas y han advertido que responderán con medidas de seguridad adicionales para proteger la libre circulación de los buques. Por su parte, Estados Unidos y sus aliados han pedido una investigación independiente para determinar la autoría del ataque.
Mientras tanto, las compañías navieras están evaluando rutas alternativas y reforzando sus protocolos de vigilancia, lo que incrementa los costos operativos y genera incertidumbre en la cadena de suministro de energía.


